/PaD/ Las Tres Preguntas

Con todo el audio ya registrado, nos encaminamos a la fase de mezcla. Y, antes de comenzarla, merece la pena plantearse algunas cuestiones que, sin duda, trazarán una parte del camino a seguir para finalizar el proyecto siendo fieles a la idea original y en la búsqueda de un sonido acorde con el que teníamos en mente.

Si bien los medios han sido escasos, seguimos convencidos de que la grabación responderá a nuestras expectativas una vez terminada.

Sin embargo, ahora que estamos a mitad de camino, hay tres preguntas que pueden (y deben) ser contestadas antes de continuar:

1- ¿Cuál es el mensaje o sentimiento de esta canción y cómo podemos potenciarlo?

En nuestro caso, el tema “Emotions” es una canción de baile. Es funk o acid-jazz setentero/ochentero, la primera música realmente orientada a las pistas de baile en aquellos tiempos. Y es instrumental.

Para la mayoría de canciones con letra, ésta sería una pista clave para ver qué trata de transmitir el artista y qué paisajes sonoros son más apropiados que otros para imprimir ese sentimiento en la mezcla final.

Si, por ejemplo, tenemos una balada íntima, podremos pensar en hacer las estrofas más secas y oscuras dejando la voz en primer plano para ir a un estribillo más cargado armónicamente y de efectos.

Si, por contra, el tema es rap combativo y directo donde el cantante se acuerda de toda la casta política española y sus malditos descendientes enfermos, quizás queramos un beat demoledor con una voz muy adelante y con algo de distorsión y un slap delay.

En nuestro caso, el mensaje tiene que ver con hacer bailar al personal de forma orgánica. Así que ya tenemos una idea de por dónde podemos viajar, sónicamente hablando.

Y aquí es muy útil tirar de los recursos más habituales de un estilo en concreto, aquellos que han sido y son utilizados a dirario por los porfesionales del sector. En el caso del acid-jazz o funk, sabemos que la sección rítmica es clave y se suelen potenciar bombo y bajo, mientras que las voces suelen quedar más insertadas en la mezcla que si se trata de un tema de pop o de flamenco.

También lo es tirar de canciones de referencia, clásicos (o publicaciones recientes) que suenen más o menos como nuestro tema y que nos puedan servir para ir comparando en tiempo real nuestro trabajo con el del equipo de producción del tema de referencia en cuestión. Para “Emotions”, podemos pensar en algún tema de James Taylor Quartet, por ejemplo, y estaremos avanzando nuevamente hacia un sonido final coherente con todo lo mencionado anteriormente y con la idea original.

2 – Qué público potencial tiene la canción y dónde/cómo será consumida por éste

Otro factor clave a la hora de encarar la mezla es plantearse el medio en el que ésta será consumida e, igualmente importante, por quién.

Pensemos, por ejemplo, en un tema de reguetón, normalmente consumido por jóvenes usando sus teléfonos móviles y ordenadores portátiles, además de en discotecas con equipos con una respuesta de grave brutal. Esa información los llevará a pensar en cómo mantener ese subgrave para que mueva las paredes de la discoteca pero también hacerlo perceptible para un consumidor que lo reproduzca en su altavoz mono del móvil.

En nuestro caso, buscamos mover la grabación para conseguir conciertos y para concursos, por lo que el consumo será más bien de usuario medio (coche, portátil, móvil, equipo Hi-fi…) así que nos cercioraremos de encaminar nuestro sonido y de testear nuestra mezcla en todos esos sistemas.

3 – ¿De qué materia prima disponemos una vez terminada la grabación?

La materia prima importa. Y mucho. Y la mezcla debe estar a su servicio. Ya lo hemos comentado con anterioridad pero nunca está de más recordarlo.

Si la canción en cuestón no llega a unos mínimos de calidad musical y/o interpretativa, por mucho que la grabación sea cristalina, no habrá nada que hacer para salvarla en la mezcla. Es así de sencillo. Nadie puede hacer una paella con gambas podridas o salvarle la vida a un muerto.

Si la canción es buena y, además, está bien grabada, la mezcla será un mero trámite. En el mundo digital moderno, se tiende a grabar de forma clara y poco coloreada, lo que permite al ingeniero de grabación no compormeterse con ningún sonido concreto y simplemente registrar la fuente lo más nítidamente posible. Esto hará que sea el ingeniero de mezcla el que tenga que tomar esas decisiones, lo cual puede ser bueno o malo. Pero si las pistas que tenemos para mezclar han sido grabadas a conciencia, buscando y consiguiendo un sonido concreto, poco más habrá que hacer en la mezcla más allá de buscar el balance general, limpiar un poquito, ubicar todo en su sitio y, quizás, añadir algo de coloración final.

Por último, si la canción merece la pena pero la grabación se ha realizado con pocos medios (que es el caso del tema que queremos mezclar en esta serie), debemos plantearnos hacer una fase de edición pre-mezcla, en la que buscaremos las fallas y las parchearemos de la mejor forma posible a la vez que encontramos las virtudes para potenciarlas.

Tenemos a nuestro alcance un montón de recursos de edición que pueden maquillar una grabación con pocos recursos. Desde edición de errores, afinación, cuantización, sustitución/complementación con samples, reamplificación…

Y en el próximo video, vamos a ver cómo hacer uso de estas herramientas y qué beneficios nos brinda para el proyecto en el que andamos inmersos en este caso.

Si tú sueles hacer edición premezcla y tienes trucos infalibles o procedimientos que sabes que  funcionan siempre, no dejes de compartirlos con el resto de la cominidad (y conmigo especialmente, que me toca lidiar con el problema). 🙂

 

Puedes hacerlo bajo este post o en las redes sociales. Gracias de antemano.

 

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