Mezcla Simple y Bajo Control

El Arte de la Mezcla es divertido y creativo como pocas cosas en este mundo. Es la fase mágica donde tus pistas (interpretadas sólidamente y grabadas con precisión) se unen para formar la mezcla final de tu canción. Un momento mágico, sin duda.

Pero igualmente peligroso.

Los ordenadores de hoy día permiten tantas opciones y tanto rendimiento que corremos el riesgo de alargar en el tiempo sesiones que pueden mezclarse más rápido y de forma más natural. Y, además, al tener tanta capacidad de procesamiento, a veces procesamos de más (porque creemos que debemos hacerlo dado que podemos).

Mirando Atrás se Aprende

Hace unas décadas, la potencia y rendimiento de los estudios de grabación era más que limitada. Los Beatles grababan con un 4 pistas sus discos y, poco después, el estándar fue 16/24/32 pistas. Los efectos (plug ins hoy en día) se aplicaban con cacharros externos, lo que limitaba las posibilidades tremendamente (de hecho, se llaman “plug ins” inspirados en estas antiguallas que literalmente se conectaban a la mesa de mezclas). Y todo el tinglado generaba un ruido de fondo tremendo, lo que manchaba toda señal de por vida.

Sin embargo, esas limitaciones no mermaban el ingenio y talento del productor/ingeniero de mezcla ni tampoco sus resultados. Al revés. El hambre agudiza el ingenio, y no es diferente en el estudio. Y, de hecho, hoy en día crecemos con tantas opciones en el estudio que, en cierto modo, nos hemos vuelto un poco perezosxs a la hora de buscar soluciones y tendemos a pensar que nuestros resultados dependen de nuestras herramientas o trucos y no de nuestra consciencia. Craso error.

Mezcla Simplificada

En vez de pensar que estamos mezclando simplemente porque usamos cientos plugins y técnicas al azar, deberíamos replantearnos el Arte de la Mezcla en sí. Replantearnos qué es, para qué sirve y cuál es la mejor forma de encararla de forma práctica y sencilla.

Es útil empezar por una mezcla estática y una escucha para definir virtudes y problemas y encontrar un plan maestro (basándonos en algunas referencias y en los deseos del artista en cuestión) que nos lleve de la mano durante todo el proceso, ya que mezclar un tema sin un objetivo claro puede hacer que nunca acabemos, es como navegar sin rumbo. De hecho, ¿a quién no le ha pasado de tener una mezcla que no suena, echar 3h para retocarla y que siga sin sonar después (o suene peor)? Eso suele ser falta de plan maestro y fecha límite. Sin objetivos, es imposible llegar a la meta.

Así que se trata de definir a dónde queremos llevar la mezcla a nivel sonoro y encontrar las vías para llegar allí (ahora es momento de decidir qué plug ins y qué técnicas son las que usaremos, de forma meditada). Y algunos movimientos que pueden ayudarnos son:

  1. Pulir nuestro método. Debemos tener un template/plantilla, una mesa de mezclas virtual que usaremos para todos y cada uno de nuestros proyectos, lo que nos hará tener todo siempre ordenado de la misma forma y avanzar como ingenieros a velocidad de vértigo, por la posibilidad de hacer retoques en tiempo récord.
  2. Acotar el número de pistas. Podemos reducir nuestra mesa de mezclas virtual a 24/36 canales y, si algún proyecto tiene más pistas, bouncear varias a una y mantener ese número máximo (siempre podemos guardar todas las pistas originales para volver a ellas). Es nos facilitará el manejo del proyecto y nos dejará razonar mejor por qué queremos aplicar procesamiento a cada elemento.
  3. Acotar el número de plug-ins. Los DAWs modernos traen un paquete de plug ins propios que son suficientemente potentes para ejecutar cada uno de los movimientos que decidamos. No es que no se deban comprar otros, es que es mejor aprender a manejar solventemente los que tenemos para saber si necesitamos comprar otros. ¿Por qué no empezar por tener una EQ, un Compresor, una reverb, un delay, una saturación y una distorsión? Como decíamos antes, los Beatles apenas tenían 4 pistas de cinta, y mira dónde llegaron (su arma era su repertorio y la tenacidad e ingenio de su productor, el señor Martin).
  4. Acotar el tiempo de mezcla. Tiempo infinito significa no terminar nunca. Las fechas límite nos ayudan a evolucionar, y en la mezcla no debe ser diferente. Con decidir de antemano cuánto tiempo le dedicaremos a la mezcla y usar un cronómetro es suficiente. Así siempre tendremos la visión global del proceso en mente y no nos detendremos durante horas en los pequeños detallitos que nadie percibe luego en nuestra mezcla. ¿Por qué no forzar la máquina un poco y despertar del letargo? Te aseguro que funciona. Siempre.
  5. Escuchar. Sí, escuchar. Suena bobo pero es fácil perderse en los detalles de la mezcla y dejar de escuchar para empezar a ver (EQ, gráficos de los plug ins) y oír (coloración, compresión). De vez en cuando hay que parar, poner el tema desde el principio, sentarse sobre las manos y hacer una pasada completa sin tocar nada, para volver a esa visión global y retomar el plan maestro en vez de perdernos en el bosque.

Reduce y Aumentarás

Sin duda, a la hora de mezclar, reducir tus opciones puede mejorar tus resultados. Estarás cerrando puertas al reducir tu espacio productivo (tal y como se hacía antes con los discos que adoras), pero podrás centrarte en tu plan maestro y tener mayor control sobre el proceso, lo que te dará mejores resultados sin lugar a dudas.

Y siempre puedes ir aumentándolas a medida que vayas controlando la situación. Y podrás añadir más plug-ins a tu arsenal (porque ya dominas los básicos), podrás manejar más pistas a la vez (porque estás completamente hechx a tu plantilla y vuelas a la hora de currar) y podrás ir complicando la partida a medida que vayas ganando experiencia.

Ningún futbolista debuta en pirmera antes de haberlo hecho en divisiones inferiores. ¿Por qué íbamos nosotros a querer comenzar al nivel de un experto?
 

Dwldbanner

 

8 comentarios sobre “Mezcla Simple y Bajo Control

    1. sin duda tu método marca la diferencia entre efectividad e improvisación. Es necesario un plan maestro y un objetivo final, pues sin destino no hay llegada.

      Son cosas básicas q nunca se piensan pero q marcan la diferencia.

    1. Es que, en realidad, somos víctimas de un montón de problemas que son solucionables de un plumazo, pero que no llegamos a concebir en un primer momento (probablemente porque hacemos esto por pasión).

      Hay que plantearse esto como un proceso y hay que apelar a la eficiencia para que sea rápido y certero, en vez de un viaje lúdico sin fin.

  1. mas que un comentario agradecerte por compartir tus conocimientos y tu experiencia que para gente como yo que tiene deseos de aprender nos es de mucha pero mucha utilidad gracias otra vez… saludos

  2. La verdad es que nunca lo había pensado así, te pones a mezclar te apasiona le das mil vueltas pero nunca me había planteado hacer un plan y saber dónde quiero llegar exactamente incluso eso de hacer una mezcla estática nunca lo había hecho y me está enseñando mucho. Gracias Harry.

    1. Claro, camarada. El plan maestro (y, por ende, la mezcla estática) son esenciales para trazar un camino. Si no lo hacemos, podemos estar un año dando vueltas y no terminar la mezcla.

      Es como ir al super sin lista de la compra, un suicidio. 😉

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *